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La Península Ibérica, al igual que los
demás territorios del Imperio Romano, sufrió diversas invasiones de los
pueblos del Norte de Europa, siendo conquistada finalmente por los
visigodos, quienes crearon un poderoso reino que duraría más de 250 años,
hasta el año 711, cuando la invasión musulmana lo hizo desaparecer.
Estos nuevos hispanos eran grandes guerreros, pero muy primitivos. Fueron
aprendiendo de
los hispano romanos y acabaron hablando el latín y practicando el
cristianismo, que era
la religión de los que vivían en la Península, antes de que ellos llegaran.
Hacia el siglo 6 los visigodos eran ya un pueblo romanizado, que se
consideraba a si mismo heredero de la antigua Roma. Toledo fue su capital. A
lo largo de los años debieron guerrear con diferentes enemigos, entre ellos
los pastores cántabro-pirenaicos del Norte, los bizantinos, que habían
llegado de un lejano imperio, por el Sur, y finalmente los árabes.
Los visigodos crearon el primer reino
peninsular independiente y unido, desde los Pirineos hasta Gibraltar.
La elección de cada nuevo rey traía
luchas sangrientas entre clanes y familias que se peleaban por el poder.
Desde el siglo 6 al 9, la Bética, parte del reino de los visigodos,
constituyó una excepción en Europa. A diferencia del resto, que poco a poco
se dividió en pequeños territorios en constante guerra y dedicados
básicamente a la agricultura, la Bética conservó su cultura urbana y sus
conexiones comerciales y culturales en la zona mediterránea.
Bienvenidos a
una joya sin discusión de la arquitectura española construida al
abrigo del fascinante contexto histórico de las
gentes que la levantaron, los Visigodos, en una época de leyenda. Espero con ello aumentar toda la información, bastante dispersa,
que hay en la red acerca del tema, y de paso,
hacer un pequeño homenaje a la que en tiempos fuese iglesia de La Pueblica,
pueblo natal de mis abuelos, actualmente desaparecido bajo las aguas del río
Esla en la provincia de Zamora.
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